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Taller de talleres RESISTENCIAS POPULARES A LA RECOLONIZACIÓN DEL CONTINENTE

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Crisis climática y destrucción programada de bosques

Silvia Ribeiro *

17-07-2010

Paradójicamente, hablar de cambio climático” es caer en la trampa de quienes lo han provocado: invita a pensar en un cambio paulatino, natural y frente al cual no queda más que tratar de “adaptarnos” o “mitigar” sus efectos. “Nosotros preferimos hablar de crisis climática, provocada por un modelo de sociedad que ha decidido ‘quemar’ el planeta para que algunos disfruten poco de un estilo de vida que también de manera perversa han dado en llamar ‘desarrollado”, afirma el editorial de “Crisis climática, falsos remedios y soluciones verdaderas”, compendio editado por la revista Biodiversidad, sustento y culturas, con el Movimiento Mundial de Bosques y Amigos de la Tierra ALC.


La crisis climática es una consecuencia de la civilización petrolera, con gravísimos impactos sociales y ambientales. El tema está plagado de trampas conceptuales, intentando que no reconozcamos las causas reales o los remedios falsos propuestos por quienes causan los problemas para seguir sacando ganancias aunque la crisis empeore.

Un ejemplo de ello son los programas llamados Redd, por su siglas en inglés, lo cual se traduce como “Reducción de emisiones de carbono derivadas de la deforestación y degradación de bosques”.

Como explica el Movimiento Mundial de Bosques en el compendio citado, la idea es simple: la deforestación es un factor importante de emisiones de dióxido de carbono –por tanto, de calentamiento global–, por lo que se busca compensar financieramente a quienes puedan evitar la deforestación. Pero los problemas comienzan desde la definición. En la convención sobre cambio climático se refieren en Redd a “deforestación evitada” y no a “evitar la deforestación”. Parece una distracción semántica, pero las consecuencias son tremendas: no se trata de apoyar a quienes realmente evitan la deforestación, sino de pagar a quienes ya deforestan y lucran con ello, para que deforesten un poco menos, pagándoles lo que dejarían de ganar. Es la misma lógica del Mecanismo de desarrollo limpio de esa convención, que sólo apoya a quienes tengan desarrollo sucio pagándoles para que ensucien un poco menos. No son apoyos para quienes no contaminan o no deforestan, sino solamente para los que sí lo hacen. El programa premia a los mayores deforestadores (cuanto más grandes más ganan) y estimula la deforestación para poder cobrar por dejar de hacerlo (luego de haber lucrado primero con ella). Los países y comunidades que cuiden sus bosques no pueden recibir nada de esos programas, es necesario que primero los destruyan. Que en un periodo no se deforeste una zona no implica que no se pueda hacer en los años siguientes, estimulando así también la apertura de nuevas zonas a deforestar mientras se vuelve luego a las que se “deja” de deforestar, de tal manera que las mismas empresas, ONG y gobiernos, pueden hacer negocio tanto cobrando de Redd como deforestando. Las nuevas versiones de programas Redd, llamadas Redd++, dan una vuelta más a la perversión, con más trampas conceptuales y mayor afectación para las comunidades indígenas y forestales.

Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2010/07/17/index.php?section=opinion&article=025a1eco

 
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